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jueves, 2 de julio de 2026

Un faro helado

 Lo único que logro percibir es el frío… Una gélida garra me apresa y hace que mis latidos se sientan cada vez más pesados; el frío consume lentamente todo mi ser y nubla mi entendimiento, mis emociones… mi razón. El frío hace que la saliva se sienta como nieve seca imposible de tragar, mucho menos articular palabra; nunca fui muy dado a conversar, pero ahora me es imposible. Mis pulmones inservibles no quieren trabajar más… Frío… solo reconozco el frío porque no es lo habitual.

Siempre estuve acostumbrado a la oscuridad; mi vida transcurría en penumbras que se desvanecían en tramos irregulares, pero que inevitablemente se extendían a donde quiera que mirase. La oscuridad no era absoluta, veía y sentía todo a mi alrededor para vivir, pero la opresiva penumbra no nos permitía soñar con lo que no estaba cerca. Estaba acostumbrado a la inmediatez y esa era la vida que conocía, al menos hasta hace unos meses.

...

En mi opaca realidad todo transcurría como debía transcurrir, la vida seguía su curso y el brillo de cada logro no hacía más que permitirme avanzar un poco más; cada sonrisa, cada momento de orgullo iluminaba un poco en derredor, pero en esos momentos las sombras se hacían más largas y la obscuridad se sentía más pesada cuando desaparecía el brillo, cuando el frío se insinuaba y sin embargo nunca llegaba; aprendí a temer más a este fenómeno que a la oscuridad misma. Disipar las tinieblas era necesario, pero no por eso algo placentero.

...

Así había vivido hasta que llegó; trajo consigo una luz radiante y cálida, una luz que no se disipaba y que por el contrario invitaba a acercarse… Su fulgor era deslumbrante, pero su calor reconfortante; lo primero que se me ocurrió en su momento fue destruirle: lo desconocido era demasiado impredecible para ser aceptado… Pero mientras más estuvo su luz conmigo, más difícil era desear no estar con ella. Las penumbras eran disueltas revelando escalofriantes formas que no había percibido antes, pero la calidez invitaba a hacerles frente. Al menos creo que era así…

Y sin embargo, él decidió partir con su luz; todo el calor se fue y, lejos de permitirme regresar a la tan anhelada normalidad, el vacío que dejó su ausencia era lo único que podía sentir ahora: frío…. Un agujero helado en mi pecho.

Un frío inmisericorde que no acababa conmigo, una gélida mordida que me recordaba que seguía existiendo, que seguía existiendo sin él.

Frío … helado pesar que congelaba mis palabras, que extinguió cualquier oportunidad que tuve para rogar que no se fuera. Frío… lo único que recuerdo ahora es que sin su luz y calor solo queda la soledad.

Frío… en la absoluta quietud de esta helada, ruego por un final, pero mientras el tiempo pasa lento desde la agonía encuentro luz… una luz propia que me ayuda a entender que para sentir la mordida del hielo hace falta estar vivo. Es mi propia sangre, aún tibia, la que resiste. Sin su luz y su calor el entorno se ha vuelto hostil, pero el dolor ya no me paraliza; ahora es el faro ciego que me obliga a dar el primer paso. Entre la nieve, empiezo a avanzar… avanzo lentamente hacía el frío.

… Lo único que recuerdo ahora es el frío …

miércoles, 10 de mayo de 2017

El caribe en mis ojos.

El caribe en mis ojos.

Ese medio día siempre recordaría cómo semanas atrás el azul profundo en el horizonte y el sol en lo alto del cielo se veían desde la alta ventana del estar social, por encima de las hamacas y las mecedoras la brisa del mar llegaba con fuerza e inundaba el lugar con un aroma a sal y a mariscos. Para alguien acostumbrado como yo a vivir a la orilla del océano la situación era relajante, perfecta para descansar en mi hamaca … o hubiera sido así si un molesto zumbido en mi cabeza no ocupara todos mis pensamientos.
El murmullo en mi mente viene y va, como las olas en el ancho mar…  pensándolo bien esa es la constante de la vida, todo viene y se va: amigos, sueños, experiencias, dinero, hasta mis padres… se van, se fueron. Agggh otra vez pensando en esas cosas, siempre que veo el mar me sucede; lo que hace que la gente se preocupe por mí y me crea loco, igual, no los culpo ¿cómo no hacerlo si me la paso en el mar?
Y es que, el mar ha sido desde que tengo memoria mi lugar; el océano y sus olas de un profundo azul me acogieron desde siempre y formaron el único hogar que conozco; las playas de mi pueblo me conocen mejor que mis amigos … o tal vez es que yo las conozco a ellas como al dorso de mi mano y me ilusiono pensando que el conocimiento es mutuo.
Mi vida está ligada a la playa, todo mi cuerpo responde a ella. Mi piel está acostumbrada al sol intenso de medio día y ni las tormentas de octubre, ni las brisas de marzo logran detenerme o alejarme del mar; la gran Mamá Toña –mamatoña, sin espacios y sin separación… como corriendo para que ni el nombre le pegue a uno- hace sus esfuerzos llamándome desde la casona sobre la colina –grita como una loca dicen los vecinos-, y solo logra que acuda a su llamado y le abrace sus grandes faldones colorados con el delicioso aroma de sus cazuelas especiales, esas que los turistas se mueren por probar cada que pasan por la hostería; el aroma me hace regresar porque trae recuerdos, las palabras se las lleva el mar para no volver.
¿Dije turistas?, suena raro mencionarlos sabiendo que este es un pueblito perdido en las costas; nuestras playas no son blancas y nuestro mar no es celeste con surfistas y castillos de arena; el caribe en esta zona es agresivo y perfecto para la pesca, pero el arrecife no permite que la gente se broncee en diminutos bikinis o contamine el lugar; es todo un paraíso para los solitarios, muy pocos viajeros llegan y aún menos se quedan por acá. Vienen y se van … a veces ni siquiera vienen.
Mamatoña me contó que mi padre era uno de esos pocos expedicionarios que se quedó: un mono ojizarco y más bien tímido que, cautivado por mi madre y su negrura, asumió el reto de alejarse de la fría capital –que lejana se siente-  y refugiarse en la costa. Toña dice que nadie se movía como mi madre, que sus caderas se mecían al vaivén de las olas como un barco en altamar, que las estrellas brillaban con más intensidad en el cielo para verla con mayor claridad.
Mamatoña dice muchas cosas, pero yo no los recuerdo, mis padres se fueron hace mucho, sin dejar rastro, por obvias razones no espero que vuelvan. Es por eso que ese medio día yo estaba decidido a seguir los pasos de mis progenitores y frenar el ciclo. Me iría para no volver, las olas me llamaban con su espuma risueña y las playas susurraban promesas de pesca abundante y diversión; pero a mis 16 años yo ya era un hombre y mi palabra era decisiva. Los niños se dejaban llevar por las circunstancias, los adultos como yo seguimos nuestra voluntad.
Sin mirar atrás dejé la casona de altas ventanas que daban al mar, cubrí mi nariz para evitar que el aroma interfiriera con mi partida, salí corriendo antes de que Mamatoña regresara de la galería con sus verduras frescas, corrí antes que la realidad me atrapara con sus consecuencias lógicas y mis piernas se detuvieran. Cuando llegué al puerto me detuve a contemplar el oleaje por última vez, mis lágrimas se derramaron sin que pudiera contenerlas y se unieron con el mar.
Las olas recibieron mis lágrimas con tanto agrado que se levantaron majestuosamente, nunca antes las vi tan grandes y azules … y nunca las vería jamás de esa manera -no tuve la oportunidad de todas formas- porque mi vida terminó súbitamente en ese momento. Mi vida se fue sin regreso justo como deseaba, aunque no como esperaba.

Me fui sin avisar y el mar me llevo sin dejar rastro alguno en su majestuosa corriente, en ese momento me di cuenta que a mis padres les ocurrió algo similar … que la forma de terminar el ciclo fue la misma, que la muerte fue y regreso por mí. Como el mar, como las olas caribeñas que se reflejaban en mis ojos aquel mediodía fatal.

miércoles, 4 de mayo de 2016

No se que pasa....

-En medio de tu locura y posible estupidez veo que en realidad lo amas, tus ojos lo gritan aunque tus labios lo nieguen.
Insisto, lo que sientes por él es tan fuerte que no deberías alejarte,

+Por supuesto que lo amo, es una realidad innegable, es una verdad absoluta para mi y para el universo entero y sin embargo carece de importancia, me alejo porque lo quiero, porque en la vida aprendí a amar de esa manera...

-No tiene sentido en absoluto lo que planteas.... pero es tu decisión...
+No es mi decisión, pero es lo correcto. Solo su felicidad importará, sin importar lo demás, ese será mi acto de amor; esa será mi condena personal.

-Admiro tu sentir y tu locura, pero no quiero verte sufrir a ti...

+¿Por que es eso?

-Debe ser .... que yo también te quiero.

"Mirar hacia atrás no es tan malo, si al hacerlo sonríes y te das cuenta que todo está bien.
Mirar adelante no es tan escalofriante si confías en quien eres...
vivir por el momento.... no, por los miles de momentos felices que te esperan, eso es vida."

miércoles, 20 de abril de 2016

De regreso // Apunte de libreta No 12

Cuando estabas lejos te pensaba intentando no olvidar
conteniendo tu esencia, por si se volvía a escapar ...
Siempre te ibas de nuevo, siempre huías

Cuando regresabas la luz se tornaba cálida, serena
como si en tu imagen residiera mi calma y mi corazón ...
Lo que todos llaman alma.

Sin embargo cuando fui yo el que se alejó, cuando quise olvidar...
tu recuerdo, mi calma, corazón, ¿ mi alma ?
siguieron junto a mi y me mostraron

La luz no estaba en tu imagen ni en mi interior
la calidez dependía del mundo entero y a él me entregue
para ir y volver, para sonreír y olvidar.
Para que el alma viviera eternamente contigo, conmigo, con el mundo.

martes, 5 de abril de 2016

Ya nada queda. // Apunte de diario #3

<Nada>
La pantalla sigue mostrando ese blanco espectral que sólo puede asimilarse con el vacío aun cuando lleve horas sentado frente a mi computador personal; no es que tenga un bloqueo de escritor, -como solía pasarme antes- que no sepa cómo expresar lo que siento o que mi desdichada musa esté de vacaciones. (Pensándolo bien puede que esté muerta y llena de odio hacía mi, pero esa es otra historia).

No, no hay nada en la pantalla porque sencillamente no queda nada que decir, porque pienso -con una certeza que no es común- que nos merecemos más que una carta simplona y que aun cuando crea en la magia y el poder de las palabras ni siquiera el infinito poder de un dios sería suficiente para arreglar esto.

Esto es lo que nos queda, después de la pasión y la ternura, de momentos de análisis e impulsividad; me dejas roto y dañado y además sin la posibilidad de culparte por eso - hasta eso me quitaste- ...
Me dejas feliz por ti y deseándote lo mejor aunque eso me mate lentamente (vaya si soy masoquista).

Nos quedan recuerdos, claro que nos quedan, recuerdos que mi memoria tal vez borre o modifique (y los dioses saben que ni yo mismo podré impedir que lo haga) nos queda la vida misma que de todas formas se nos escapa.

Al final me alegro que no quede nada que me haga extrañarte, que no pueda enviarte la última carta y que todas estas palabras -que estaban de todas formas condenadas a permanecer en el olvido- queden relegadas a mi diario.

Gracias por la nada ...
                                                                              Eternamente tuyo.

miércoles, 11 de noviembre de 2015

Engaños.

Aún hay quien dice que el tiempo y la distancia lo curan todo, que no existe tal cosa como un mal eterno y menos un corazón que lo aguante....
Aún hay gente que se engaña, porque el tiempo no cura nada, sólo ayuda a olvidar. Porque la distancia no te da perspectiva, sólo hace difusas las anteriores vistas.
Para mi, que conozco la maldad del ser humano limitarla sería un error, para mi corazón de piedra, helado y oscuro no existe nada que lo dañe.

Porque antes que dejarme engañar, por el tiempo, la distancia, los amigos o enemigos, yo me engaño a mi mismo haciéndome creer que soy fuerte.... Porque olvidar es mi maldición pero con ella puedo sobrellevar el resto de mi vida.

¡Corre tiempo! Llévate contigo mi vida si es lo que deseas.
¡Aléjate de mi! Veamos si la distancia distorsiona las imágenes casi tanto como las lagrimas que nunca ven la luz.


lunes, 2 de noviembre de 2015

I don´t know

En la vida existe tristeza y alegría, en cada momento y con cada sentir, pero ... ¿no es acaso lo más triste de la existencia ser un mal tercio, la pieza que no encaja?.
No, no lo es. Yo lo sé con certeza porque incluso he sido reducido a ser un mal cuarteto, como si no fuera suficiente con arruinar una pareja soy una parte incomprensible e inútil frente a tres especímenes humanos.

Y es que no basta con su autosuficiencia y complacencia al apartarte, con indicarte que sobras con sus manras nada sutiles, de todas formas que importa si puedes ver todos los colores en un vaso con hielo mientras los demás solo se fijan en tu ropa sucia ... que importa si la música suena a lo lejos y sin embargo resuena en tus poros y puedes sentirla realmente, No importa si tienes historias vividas que contar, si tienes muchas por vivir o que inventar .... Nada importa si tu noche termina contigo mirando a la distancia.

Y es que esta es una distancia que nos une por muy contradictorio que suene, porque parece deleitarse con mi discreta indiferencia; es una distancia que me rompe en dos, en tres ...en mil jodidos pedazos porque soy un sentimental; es una distancia estúpida además sabiendo lo que nos espera. Es una distancia que cumple con su nombre y nos separa un poco más en este universo sombrío.

Ya no se ven colores en las tazas, ni se siente el ritmo por las venas, hay historias que contar.... todas ellas tristes, como ser un mal tercio ... como una distancia estúpida...como yo